PRENSA



Elías Adasme: de Chile a toda América

Artículo aparecido en el semanario Claridad del 1 al 7 de septiembre de 1995. San Juan de Puerto Rico


Por Héctor Iván Monclova

"El arte debe ser ineludible"
Con esta oración impresa en una camiseta pasea por las calles de Santiago de Chile. El hombre dentro de la camiseta reparte volantes con esa frase a la gente en un día incierto de un incierto Chile de arte urgente. La camiseta, pedazo de tela que en aquel momento y en aquella geografía incriminaba a su usuario -varias veces arrestado-, era una de las acciones de arte (happenings) en las que el artista chileno Elías Adasme se apoderaba del espacio público, siendo el artista un mural que pasea por los ojos de una realidad que intentaba transformar, socializando el arte como una vez estuvo el cobre de su suelo.

"Yo soy de una generación de cuando muchos procesos sociales se estaban agudizando" comenta el artista suramericano. "Toda esa época provoca un afán por cambiar la realidad, por hacer otra sociedad, otros modelos sociales. Vengo con esa formación. Ahora la misma historia nos ha dado la experiencia necesaria para saber en que forma fuimos eficaces y en que forma no lo fuimos".

La historia de este artista es paralela a la de un proceso en la plástica latinoamericana y la de un procerso histórico en el continente. Su llegada a la vida cultural en sus días de adolescente se dió en aquellos años en que el voto chileno llevó al poder a un momento idílico para el hemisferio, que se conoció como el gobierno de la Unidad Popular dirigido por el presidente Salvador Allende Gossens.

"Recuerdo con mucha nostalgia hasta el día de hoy ese periodo, porque había mucha cultura en todas partes. En los campos, en las ciudades..." evoca Adasme. "El tren de la cultura que recorría de norte a sur. En la plataforma de política cultural del gobierno de Allende había mucho énfasis en la culturización del pueblo. De hecho, participé en brigadas de alfabetización. Tenía de dieciseis a diecisiete años. Esos tiempos son muy decisivos para marcar lo que ahora yo llamaría una conciencia de identidad nacional y una conciencia de identidad continental".

El 11 de septiembre de 1973 ese proyecto político de justicia social, de minas nacionalizadas, que por tres años garantizó medio litro de leche a cada niño chileno y cultura al pueblo, fue abruptamente detenido. Un golpe de estado que costó la vida al mismo Allende y a miles de chilenos, dió al traste con las conquistas de aquel gobierno.

Adasme era estudiante de arte en un momento de sangramiento en que en las manos de los militares recaía la cultura. Mientras tanto, los artistas iban formando un frente cultural. "Era necesario, porque el estado de cosas era tan apremiante, tan terrible, que los artistas sentíamos que nuestro protagonismo en la época, debía preservar la vida y la cultura, estableciendo estos dos tópicos como primordiales en el ejercicio de la práctica del arte".

Los artistas chilenos que vivían en el espacio de lo prohibido optaron por el espacio alternativo, marginal y clandestino, organizándose en agrupaciones y expandiendo los vectores de la actividad plástica con la aportación de sociólogos, literatos y otras disciplinas humanísticas. Fue un momento de debate en el que se iban articulando estrategias de política artística. La represión emanada del régimen militar les llevaba a "buscar formas inteligentes de protestar, obviando la censura. Por eso acudimos a la metáfora".

Mientras cantidad de artistas chilenos en el exilio hacían arte de denuncia evidente y lenguaje plástico tradicional, los que se quedaron en el estado fascista, optaron por tomar los espacios públicos, en clandestino y en colectivo. En muchas esquinas de Santiago podían aparecer, en grandes cantidades, la efigie de Pablo Neruda, grabada por el serigrafista francés Ernest Pignon trabajando conjuntamente con artistas chilenos, para revolverle la conciencia a los golpistas. También podía aparecer el 11 de septiembre un río lleno de tinta roja.

O podía aparecer un cartel compuesto de cuatro fotografías en que un cuerpo humano (descalzo, semidesnudo, de cabeza, derecho), un mapa y el nombre del país se convertían en un discurso de negación, tortura, muerte y esperanza. "Finalmente el trabajo completa con la esperanza. "Volveremos algún día a estar de pié, con la palabra Chile en el pecho, donde a nivel metafórico se anidan las emociones, las esperanzas. Es el Chile humano que vuelve a estar de pié. Que deja de ser un nombre en el mapa y que se reivindica, que surge desde el dolor".

"Entonces el trabajo consistía en atreverse a pegar ese cartel por las calles de Santiago, una fuerte provocación para ese entonces, y luego tomar el tiempo de permanencia. En algunos lugares duraba tres horas, cinco horas, depende. En otros lugares duró mucho menos porque llegaba la policía y los destrozaba. Se trataba de auscultar el grado de represión que había y confrontarlo".

Un trabajo de esta naturaleza requiere participación colectiva. Alguien que llegue, alguien que esté fotografiando, alguien que esté velando que no llegue la policía. En ese estado de cosas nos unimos más los artistas, por encima de las individualidades".

Posteriormente "A Chile" nombre oficial de este trabajo se exhibió en Francia como representación extraoficial del país andino en un evento artístico internacional.

Además de la censura como motor de matáforas, paralelamente la preocupación por participar de la realidad social y política fue inevitablemente llevando a los artistas a una "escuela" ruptural. Las formas tradicionales de expresión plástica eran insuficientes para esta meta. "El dar el salto al vacío en buscar nuevas formas de producción y difusión del arte. Viene desde esa época de los setenta. A diferencia de las vanguardias europeas y norteamericanas. Ellos se van saliendo del cuadro y por lo tanto también hay ruptura, pero como una aventura formalista. Primero fue el abstraccionismo, luego el action painting el arte conceptual, el performance, el happening, en fin, salirse del cuadro, pero como experimentación dentro del arte. Mientras que Latinoamérica tiene un acicate completamente distinto. Lo que obliga al artista a saltar es la misma realidad, la contingencia que había que asumir en aquel entonces. Es la gran diferencia entre un happening o una instalación en Europa y otra en Latinoamérica, al menos los artistas que tenemos ese tipo de inquietud y que exploramos por ese lado. El artista es como un investigador de la realidad; y por ser un investigador toma los referentes sociales, políticos y culturales de esa realidad".

Un día a mediados de los ochenta, Adasme dejó su país natal. "Se me detuvo el tiempo cuando dejé Chile". Y llegó a Puerto Rico con su equipaje de cuestionamiento a la realidad a nivel de tema y lenguaje artístico. En el cambio de geografía la actividad artística de Adasme cesa y por esos momentos practica en la Liga de Arte de San Juan.

Pero el artista que fue en su franja austral va reapareciendo paulatinamente. Las propuestas de su formación van regresando y se ponen de manifiesto en el proyecto de acción de arte e intervención del espacio público Vía Crucis Urbano, que se realizó el 15 de abril de 1992. En este proyecto los componentes del coro de una iglesia (Santa Teresa de los Angeles), pintados y vestidos de blanco antorchas y guitarras en mano, alfombraban de carteles el pavimento de tres enclaves desde donde se determina nuestra vida colectiva. La imagen de un hombre semidesnudo es pegada en el suelo (como una hilera de muertos) frente al Capitolio de San Juan ("Vida política: leyes, enmiendas y decretos") ; la zona bancaria de Hato Rey ("Vida económica: dinero, negocio y transacción agitan en la memoria, el marco de la ilusión") y el expreso Baldorioty de Castro frente al Aeropuerto Internacional ("Punto de enlace con otras ciudades y naciones. Boleto y pasaporte. Sublimación de geografía isleña, frontera de identidad"). La procesión es registrada en video, mientras uno de los participantes inquiere al público sobre el significado que sugiere el acto y al otro día sobre los carteles pegados en el pavimento. "Es una negación de la ciudad, con la proyección de una nueva".

En el cambio de mapa el artista, que hasta entonces había concentrado su trabajo artístico en la problemática urgente de su nación, provoca que la producción de su arte se dirija hacia esas mismas contradiciones desesperantes, que de verdad en una forma afectan a más latitudes. El arte de Adasme comienza a tomar "la figura de una identidad latinoamericana insoslayable".

"Además, como en este momento hay una especie de triunfalismo del neoliberalismo en América Latina, ¿qué pasa? que hay una tendencia a olvidarse del problema que siempre subsistió y sigue subsistiendo en Latinoamérica. La bipolaridad esa terrible de la pobreza y la riqueza, con el término de la Guerra Fría 'se ha acabado eso'. Y el problema sigue subsistiendo. Más aún, se ha agudizado, porque si vemos México, Centroamérica, las situaciones de injusticia, las favelas en Brasil, todas esas preocupaciones son las que me llevan a elaborar este discurso en estos momentos. En sí lo vengo haciendo desde hace tiempo. Desde que estaba en Chile hasta que llego acá. Pero estando en Chile era otra cosa. Era mi país y yo actuaba dentro de ello desde el arte. Cuando llego acá, pues entonces tengo que expandir mi temática. Entonces ahora es el continente. La lucha es por el continente".

Ese discurso del artista a nivel continental es El rostro de América, exposición compuesta de montajes e instalaciones que tuvo lugar el pasado mes de julio, donde Adasme articula más elocuentemente su discurso en la utilización de una iconografía compuesta de imágenes masificadas. "Soy un recopilador de imágenes", afirma. "Las extraigo de los medios de comunicación masivos latinoamericanos. Es como una piel que hace que este cuerpo social tenga una identidad propia. Es lo más eficaz, porque es lugar común, es memoria colectiva. Es una imagen que ha sido socializada".

En este ensamblaje de ideas las imágenes son practicamente el discurso. Un indio sacado de un televisor (como lo muestra la imagen intervenida por las líneas de resolución de la pantalla), billetes, balas, tierra, pan, son los elementos básicos, las herramientas de Adasme. Son palabras que se alternan de obra a obra para formar oraciones distintas de una misma narración. En obras como Paso del Norte, Sintaxis migratoria y Pan/americano, el indio televisivo nos puede hablar del drama de dos Américas -una rica, una pobre- divididas por un río y su subsiguiente trama de emigración. Nos puede hablar de la tierra como asunto central de este lado del mundo. O de una etnia que es un mapa, o de un poder político que se come la tierra en bien de un poder económico.

Entre esas obras hay dos que están juntas, principio y final en el orden que se quiera, que son más relevantes y más esenciales en cuanto a lo que "El rostro de América" plantea. Una es el Homenaje al Silabario Hispanoamericano, que alude a los orígenes de su conciencia continental y la noción de que la tierra es el pan (como cuenta la historia de una página extraída del texto infantil). La otra, en la misma realidad de tierra y pan que la posthistoria no ha cambiado es la Epica latinoamericana postmodernista. Esta obra tiene su trágico y necesario continuo americano: un Subcomandante Marcos y un Chiapas rebelde, entre balas que penden sobre maíz ensangrentado.

"Para mí, esta exposición es muy significativa al enfatizar en lo hispanoamericano. Soy un artista hispano y trabajo en el contexto social y cultural que creo, me corresponde: Hispanoamérica. Porque desde niño me criaron con esa información. Tanto que nos llenaba ese sentido de hermandad geográfica. Hasta las rondas infantiles en las escuelas, me acuerdo que se la pasaban nombrando los países. Por eso, en estos días que no estoy en Chile, pero que estoy en otro país hispanoamericano, me parece muy significativo y primordial ese factor. Esa identidad que fuí adquiriendo desde niño y que nunca podré abandonar. Esta exposición es un homenaje al sentido del pan, del trabajo, impreso en mi formación; en la manera como articulo los discursos artísticos, como yo manejo los lenguajes, como formulo la sintaxis. En estos momentos, y dada la urgencia por poner un granito de arena en la construcción de nuevos proyectos que dignifiquen la existencia humana de los hispanoamericanos... eso para mí es la médula espinal de mi propuesta artística".


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